Por Hugo Edilberto Ramos Quintero
Nocaima Cundinamarca Colombia
Enero 17 de 2023
N° 1
Años atrás, cuando a los sabios de la comarca no se les había ocurrido transformar las calles del pueblo para levantar con sus piedras prehistóricas, la belleza colonial sembrada con tanto esmero por los conquistadores, buenos unos, malvados tal vez otros, pero al fin y al cabo, interesados por hacer cosas que duraran por siglos y además se vieran bonitas, porque esas calles que llamaron coloniales y que de verdad lo eran, constituían un verdadero encanto en toda la provincia; eran tema de admiración de los visitantes que llegaban especialmente de la capital y por ellas transitaban los lugareños orgullosos de su aldea, de sus ancestros y quienes todavía vivían para contarlo, sentían el sabor de esa historia vieja guardada con esmero en su memoria. Los viejos salían por las tardes a caminar y de paso tomarse un tinto en la única cafetería que existía desde el siglo anterior, en el marco de la plaza, a escuchar música de antaño, en la vitrola de cuerda de don Cayetano, comentar lo que pasaba y de paso criticar una y otra cosa que a diario hacía la gente y si no hacía, pues
también era tema de la noche. Qué bonito divertirse con las ocurrencias de Varguitas que según contaban había participado en varias guerras, partidistas desde luego, o con los cuentos reforzados de Cantaralo, un loco que a veces resultaba más cuerdo que los notables del pueblo a quienes les cantaba la tabla como él decía y los obligaba a marcharse a casita temprano. Leer el único periódico que llegaba, era parte del oficio intelectual de los lugareños, en el café de don Cayetano, cuando la flota entraba porque en ocasiones se quedaba varada o enterrada en los lodazales de la trocha como le decían a la carretera construida a pica y pala, a lo grande, en convites a pie limpio, sin comisiones y menos sin pensar en prebendas politiqueras que hoy se acostumbran en algunas partes. A veces se tomaban sus tragos, especialmente los viernes o cuando alguien manifestaba que estaba de cumpleaños.
Las señoras con alguna frecuencia se reunían los jueves en la tarde o cuando las circunstancias lo ameritaban, donde doña Ismenia, una matrona dueña de la única casa que ocupaba toda la cuadra opuesta a la consistorial, heredada de sus padres que resultaban ser descendientes del fundador del pueblo, una verdadera mansión con jardines multicolores y puertas azules que hacían buen contraste con el blanco de las paredes encaladas con mucho esmero por los albañiles del lugar. Allí charlaban de todo y de todos, mientras tomaban el chocolate con arepa, acordaban la participación al día siguiente en la misa de primer viernes o cómo deberían arreglar la mesa para el almuerzo del obispo, el recibimiento del gobernador, en fin, siempre había un tema para justificar la visita. Era bonito decía una señora que todavía vive por ahí en su rancho a la salida del pueblo. La verdad, nos cuenta, salíamos a caminar en las tardes cuando hacía buen tiempo alrededor de las dos callecitas empedradas y cuando a alguien se le ocurría íbamos hasta donde doña Nieves a tomar chicha, al Chifladero, en la salida para la capital. Qué tiempos aquellos. Y como ya lo dijimos, eso ocurría años atrás. Ahora todo ha cambiado. Lo colonial se acabó, las calles son de cemento o asfalto, la verdad no sé de esas cosas, manifiesta, y como fueron trabajos mal hechos, según dicen los que saben, ahora hay huecos que no son pocos y en algunas partes barrito como un camino de herradura, expresa con nostalgia. Y verdad que han cambiado mucho las cosas. La cafetería fue reemplazada por varias discotecas, los viejos también se fueron con sus historias, el periódico no llega porque nadie lo lee y el que necesita leer algo lo hace en el teléfono o en un computador; la casa de doña Ismenia se cayó porque sus herederos no fueron capaces de cuidarla al morir ella y los alcaldes no son nombrados por el gobernador, los elige el pueblo y como cosa rara, no muestran la pujanza de esas generaciones que sin ir a la universidad fueron capaces de hacer cosas grandes por sus comunidades, a pesar de darse ínfulas de profesionales. Qué tiempos por Dios, y como dijera el borrachito del puente, si seguimos así, nos lleva el que nos trajo, qué cosas, No?
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